lunes, 26 de marzo de 2007

Stevenson



En la entrada del pasado jueves aludía al problema de los burros peregrinos. El problema lo padece una burrita muy guapa, llamada Lora, que, debido a la dureza del camino, llegó al refugio con las pezuñas muy gastadas y le dolía al caminar. La trajo el miércoles por la tarde su dueño, un suizo afable llamado Stefen (o algo así) que llegó con Lora y otra burra ya adulta buscando ayuda.

Aquí, los burros solemos llegar transportados por un camión o en un remolque, pero éstas dos preciosidades llegaron caminando. Acompañan a su dueño en una aventura que pretende emular a las de Stevenson y llevan caminando yo no sé cuántos días.


La burrita Lora es de Jaén, allí la compró el suizo andante y desde allí ha llegado caminando la muy bendita. Unos 200 Km, más o menos 20 días. La buena de Lora es muy joven y sus pequeñas pezuñas aún no tienen la dureza de las de un burro adulto y los duros caminos por los que han tenido que transitar las ha desgastado tanto que le dolían al caminar.

En el Refugio ha estado en una cuadra con un lecho mullido, la reconoció el veterinario y la ha prescrito descanso y le administró un antiinflamatorio.

El problema era que su dueño debía proseguir viaje y necesitaba encontrar un alojamiento donde Lora pudiera recuperarse y esperar a que él volviera.


Lora no podía quedarse en el Refugio en régimen de hotel porque esto es una residencia permanente y las normas del Refugio no contemplan esta posibilidad. Así que le han encontrado una casa de acogida donde será cuidada hasta que su dueño complete su aventura. Allí se fue el sábado pasado y, por lo que me he enterado está de lujo, en una cuadra amplísima con un espeso lecho de viruta de madera y dispone de una pista de arena donde pasear y correr sin dañarse sus pezuñas.

El émulo de Stevenson, el intrépido suizo Stefan se marchó de la granja el domingo por la mañana con la burra adulta, de la que no sé el nombre pero que, acaso, se llame Modestina, como la burra que Stevenson le compró al tío Adan "a cambio de sesenta y cinco francos y un vaso de aguardiente" en su novela Viaje con mi borrica a través de las Cevenas.

Les deseo buen viaje